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Excma. Sra. Fátima Báñez,

no verá usted -ni nadie- muchos artículos de este blog en castellano. Pero las excepciones están para las ocasiones especiales, y creo que ésta lo es.Tampoco me verá escribiendo con nocturnidad y alevosía, aunque por la fecha lo parezca. Hablar de una reforma aprobada el puente de Navidad después de más de un mes, cuando ya casi nadie se queja, podría parecerlo. Pero créame: no es el caso. Lo que ocurre es que soy autónomo: podría decirse que actúo con nocturnidad -o, por lo menos, tarde-, pero no con alevosía, puesto que si por mi fuera, hubiera escogido tener más horas libres para dedicarle a este blog.

Por lo que, una vez aclarado el hecho de que no le pago con su misma moneda, déjeme hacer una reflexión: como bien sabe, la cuota de los autónomos subió de 260 a 314 euros este enero en algunos casos -autónomos que hubieran contratado un cierto número de empleados el año pasado, y los que estamos en sociedades civiles-. Es un aumento de aproximadamente 50 euros al mes.

¿Usted se hace a la idea de lo que supone ganar 314 euros netos? Muchos han hecho ya los cálculos, así que no la voy a aburrir. Y ya sé que este cambio no es una subida porqué sí: la provoca el aumento de la base de cotización, de 875 a 1.050 euros. Una base más alta que nos asimilaría a un mileurista y que, probablemente, a los que no nos vayamos a jubilar en breve nos podría llegar a valer para poco: mi gestor lleva años recomendándome un plan de pensiones privado.

Pronto hará 10 años que soy autónomo. En este tiempo, no he estado ni un día de baja. Ninguno: si puedo trabajar, trabajo. Si no puedo trabajar, trabajo. Éste creía que era el trato: hay que abrocharse el cinturón de nuevo. Pero de ahí a seguir tirando de él hasta ahogarnos, hay un paso.

Y estoy seguro que tendrá usted suficientes argumentos para justificar estas subidas: no lo dudo, de verdad. Y los respeto, porque no me queda otra. Pero para que la economía mejore no se puede presionar todavía más a los ciudadanos, y menos a aquellos que han escogido el autoempleo para intentar crear puestos de trabajo, aún en tiempos de vacas gordas.

Porque luego llegan las protestas, y persona  a persona, sector a sector, se van dando más y más razones para las quejas: muchos todavía nos sorprendemos al ver ese 21% de IVA junto al mismo porcentaje de IRPF, que acaba suponiendo, a la práctica, que esta ronda la pago yo, y ustedes ya pasarán cuentas, yo seguro que puedo esperar. Es muy europeo, sí; pero cuando los cambios se acumulan -a lo mejor por no haberlos hecho en su debido momento-, los modelos de negocio deben adaptarse. Y no es fácil cuando estamos en algo parecido a una montaña rusa.

Por lo tanto, creo que se puede considerar normal que otra subida no me guste. Porque da la sensación, la equivocada sensación, de un autónomo mileurista. Por desgracia, conozco a demasiados que estarían dispuestos a dejar de ser autónomos y cobrar mil euros netos al mes. Y si viera los plazos de pago de las facturas que emitimos muchos de nosotros no se lo iba a creer, o las dificultades de aquellos que pueden y pagan a tiempo, porque también hay muchos, y sufren como todos.

Mi propuesta para su próxima ley es que los excelentísimos/as señores/as ministros/as tengan que pagarse una cuota de 315 euros al mes, más las dietas y desplazamientos no desgrabables, además de preocuparse por cobrar lo que les deben y, evidentemente, contribuir con todos a que España saliera de esta crisis trabajando mucho.

Es una lástima que haya que apelar a una ley inexistente para ello. Y debería ser indicativo el hecho de que, estando en desacuerdo con muchas de sus políticas, todavía pierda tiempo quejándome amargamente en vez de bajar las manos, sentarme y esperar.

Sin más particular, le saluda atentamente

Un autónomo
Miquel Serrabassa

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